jueves, 16 de febrero de 2017

Claudio Perna

Premio Nacional de Fotografía en 1994 y Premio Nacional de Artes Plásticas en 1995.
Foto Margarita D’Amico, Caracas 1968.




Claudio Perna 20/20


Conmoción y emociones en Toques de Contemporaneidad, hoy con el recuerdo de un artista venezolano único, cuya obra visionaria merece mayor conocimiento  y valorización por parte de las generaciones actuales. Porque las anteriores ya lo hicieron.

En el premilenio y postdosmil, artistas de distintas tendencias, comunicadores sociales y críticos de arte han reconocido a Claudio Perna como un gran creador.

El mismo se consideraba esencialmente un hacedor de imágenes, en constante desafío con la fotografía, cine super 8, polaroid, transparencias, fotocopias, esculturas sociales, arte en vidriera, proyectos para la utilización innovadora de espacios públicos –urbanos y rurales– y numerosas operaciones culturales en el marco de su arte social y pensamiento global.

Era geógrafo y profesor universitario, actividad que no le impidió convertirse en el pionero del arte conceptual en Venezuela. Fue el primero que investigó, en el país, las posibilidades expresivas de su cuerpo directamente con una máquina fotocopiadora, que le permitió crear impactantes autofotocopias (Xerox art), en el propio espíritu  experimental  del body art de los años 70. Un trabajo muy importante.

Hoy podemos ver la significación de esas autofotocopias, a la luz de nuevos conceptos asociados a las tecnologías estéticas  y de comunicación.

En 2017, cuando apenas comienza el amanecer postdigital, esas acciones de Claudio Perna  iniciadas en    1973, con su cuerpo pegado a la fotocopiadora y el resultado artístico obtenido, serían consideradas – guardando las distancias –  como un paso hacia la unión hombre-máquina, el gran reto de la sociedad del futuro, impulsado por la llamada cuarta revolución industrial.

Esa revolución está “caracterizada por una fusión de tecnologías  que van borrando las líneas de separación entre las esferas físicas, digitales y biológicas” (Klaus Schwab, presidente del Foro Económico Mundial, 2015).




Artista Visionario, pionero del arte conceptual en Venezuela. 
Foto Margarita D’Amico, Caracas 1968.



Quiere decir que si Claudio estuviera físicamente en este mundo, tal vez lo veríamos con un chip electrónico implantado en un brazo conectado a una computadora, viajando por Internet, con la mente puesta en la red, como lo han hecho  algunos científicos reales, humanos, no los de la ficción cinematográfica. ¿Se imaginan el poder de las imágenes que crearía?

Sea como sea, hay que reconocer lo valiente y visionario que fue Claudio Perna al hacer las autofotocopias, porque pudo superar los límites impuestos por la naturaleza  –que él tanto respetaba– al lograr, aunque fuera por unos segundos, la unión hombre-máquina. No se trata de especulación teórica. Esto es singularidad, otro gran desafío del siglo XXI.

A Claudio le fascinaba poder utilizar los medios –nuevos, viejos, los que estaban y los que vendrían–, utilizarlos a su manera. Y eso de usar las tecnologías  o los conceptos de manera inusual, buscar otros ángulos, otras relaciones, conectar las cosas de modo personal, es el ADN  de los creadores, de cualquier disciplina.

El hizo escuela. Formó a varios jóvenes fotógrafos, organizaba eventos, exposiciones, reuniones de estudio, de trabajo, intercambio de ideas.

Podían participar jóvenes insólitos, como solía llamarlos, outsiders, emergentes y consagrados, y así daba a conocer las obras y el sentir de nuevos creadores. Con generosidad y sin prejuicio.

Decía que él era “el artista no oficial reconocido por la oficialidad” ¿y qué mejor reconocimiento que el Premio Nacional de Fotografía en 1994 y el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1995?

Podríamos seguir señalando cualidades de Claudio Perna, pero a estas alturas del relato introductorio, nuestros queridos lectores ciertamente se habrán preguntado:



¿Y ese 20/20 por qué?

Ya deben tener una respuesta, pero a medias. No se trata de una calificación académica (debería ser superior),  sino de una evocación de 20 años, por partida doble.

El primer 20 es por el vigésimo aniversario del viaje de Claudio Perna a la eternidad (10/02/1997), a los 58 años, como la edad que tenía Warhol cuando se fue, también un día de febrero, pero diez años antes (21/02/1987).

Con el otro 20 quisiera recordar –perdonen que hable en primera persona– las casi dos décadas durante las cuales –en el marco de una amistad fraternal y trabajo profesional– compartí con Claudio varias experiencias creativas en fotografía y cine experimental super 8, investigaciones de la vanguardia internacional, colaboración periodística, recorridos fotográficos por lugares poco conocidos de Caracas y sus alrededores o de alguna región del interior de Venezuela.

Sobre todo, compartí con él mucha, mucha información relacionada con los nuevos códigos expresivos y de comunicación vigentes en el pensamiento de mediados de los años 60 y 70: tiempos prodigiosos, todo un crisol de energía creativa para los artistas. Pero ¿cómo se conseguía esa información tan especial?

No había Internet en la época. Si bien la red nació en 1982, tuvo su auge masivo en los 90. No había correo electrónico, ni información online, redes sociales, streaming y todo lo que ofrecen los medios de ahora.

La información más novedosa había que buscarla in situ, no en un site de cibercafé o con los teléfonos inteligentes, como ahora, que todo está a la vista de todos en la santísima Web. Antes había que buscarla directamente con los propios creadores.

Con Claudio compartí información de arte, tecnología, comunicación, a través de textos importantes y de lo que vi, lo que aprendí con los artistas que entrevistaba. También analizábamos  grabaciones de audio, imágenes, catálogos conseguidos en los viajes de estudio al exterior. Míos y suyos.
¿Saben algo que me atreví a hacer, por esa actitud que siempre he tenido de andar compartiendo lo que aprendo, lo que descubro?



            Claudio Perna se autodefinía como “el artista no  oficial reconocido por la oficialidad”.
Foto Margarita D’Amico, Caracas 1968.



Les pedía a mis entrevistados que por favor dedicaran el catálogo o alguna foto a un creador  venezolano llamado Claudio Perna, quien admiraba mucho sus obras. Eso fue hace 44 años.
Todos me complacían. Recuerdo a Viva –superstar de las películas de Andy Warhol en los 60, videoartista en los 70 y pintora en la actualidad– cuando le estampaba su dedicatoria en una foto que yo misma había tomado después de la entrevista.

Recuerdo también  cuando en la Bienal de Venecia 1976, en el Pabellón de Alemania, le pedí, nada menos que a Joseph Beuys que firmara su catálogo para Claudio. Esa vez me sentía respaldada. Le expliqué a Beuys que en el año anterior (1975) Claudio había participado con Charlotte Moorman en la performance de su obra Infiltration Homogen für Cello, en una playa del Mar Caribe, en Venezuela.

¿Cómo? ¡Eso mismo! ¿Sería una casualidad o una feliz coincidencia? En todo caso, para ambos artistas y para mí fue algo muy grato.

También conversábamos mucho sobre “arte no convencional”, más allá de lo que salía publicado en mis columnas periodísticas en el diario El Nacional( 7° Día, Papel Literario, Cuerpo E), que por supuesto siempre estuvieron abiertas no sólo a los proyectos de Claudio Perna, sino también a las proposiciones de los otros artistas emergentes.

Ahora ¿cómo contarles, en 2017, a los lectores que en aquel tiempo ni siquiera habían nacido, tanta información publicada, y las experiencias compartidas durante la era predigital, analógica o como quieran denominarla?

La información de prensa de esa época sólo se puede medio ver en microfilms que no ofrecen buena calidad. Los  periódicos de Venezuela pasaron a digital a finales de 1995 inicios de 1996.

A pesar de todo, he podido recuperar algunas páginas originales que llevan impresos mis trabajos de  los años 60 y 70 (algunos sobre Claudio) que espero digitalizar y difundir.

En esta oportunidad, quiero rememorar algunas de esas experiencias compartidas y decirles, por ejemplo, qué significaba la fotografía para Claudio, cómo la hacía, qué pensaba él del arte conceptual y del arte en general. O describirles algunos de sus proyectos estelares.



De las “fotos dirigidas” a las imágenes sin frontera

En 1967, esto es, hace medio siglo, Claudio Perna trabajó en varias series de lo que él llamaba fotos dirigidas, con la participación de Gladys Uzcátegui, profesora de fotografía de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela y de quien escribe.



Primera foto dirigida de Claudio Perna en el paisaje. Captada por Gladys Uzcategui, 1967.



Claudio daba algunas indicaciones sobre los encuadres (“desde esta piedra hasta aquel árbol”, por ejemplo) y nosotras capturábamos la imagen en la que aparecía él.

Eran fotografías de la naturaleza, en grandes planos generales, muy abiertos, donde la figura humana quedaba reducida a un pequeño elemento en la inmensidad  del paisaje, cualquiera que fuese: boscoso, urbano, rural. Nunca doméstico.



Serie Naturaleza. Foto dirigida por el artista. Captada por Gladys Uzcategui, 1967.



En el texto Fotografía conceptual, Claudio Perna ( 7° Día 23/07/1973) con impactantes imágenes  desplegadas casi a página completa, gracias al esmero de la diagramadora, Soledad Mendoza, en ese texto informaba que en poco más de cuatro años sacó miles de imágenes  de la realidad objetiva y extraobjetiva: “fotos realistas, fotos mágicas logradas directamente sin cámara, sin negativo. Fotos obtenidas con distorsiones, superposición de positivo y negativo, exposiciones múltiples en tiempos variados, empleo creativo de los  distintos lentes, texturas de papel y productos químicos, colorización a mano, aplicación de calcomanías y cortes en el papel que originaban nuevos volúmenes, sombras, vibraciones, perspectivas insólitas, hermosas obras de arte conceptual”.



Foto sin cámara, con objetos traslucidos sobre el papel. Foto Claudio Perna, 1972.



En su artículo Arte Conceptual – presente del mañana(7° Día 26/11/1972) el mismo Claudio señalaba la necesidad de valorizar en su real dimensión las nuevas obras de arte que algunos calificaban de “loqueras”. Verlas con una actitud nueva y una mente nueva. Decía que los jóvenes saben lo que quieren y no se preocupan por aclarar sus “loqueras”, que en ese nuevo arte los conceptos están por encima de los hechos concretos.



Serie Fotos Dirigidas. El artista con la profesora Gladys Uzcategui.
Captada por Margarita D’Amico, Caracas 1967.



“Es engendro de una aspiración más que de una necesidad contundente. El arte conceptual es el arte de hoy para el mañana. Es un lenguaje nuevo en busca de un alfabeto promisor (…) Sólo partiendo del concepto, con sólida y desinteresada aspiración, alcanzaremos una meta”.

A Claudio le gustaba escribir artículos en la prensa. Yo con gusto los llevaba al periódico para su publicación. Varias veces me acompañó, en calidad de fotógrafo, a entrevistas con personalidades como McLuhan y Polanski. Solía intervenir con alguna pregunta. Sus excelentes fotos salían bien destacadas, con el crédito correspondiente.



Roman Polanski, entrevistado por Margarita D’Amico en Caracas. Foto Claudio Perna, 1974.



Una tarde quiso acompañarme a los estudios de RCTV donde se grababa la telenovela “La Usurpadora”. Cual niño con juguete nuevo se divirtió mucho con los actores e hizo un trabajo fotográfico excelente, que apareció en la revista Kena (19/08/1971).

Arte de botiquín, las pinturas más vistas del país fue otro de mis reportajes periodísticos con fotos realizadas por Claudio Perna (7° Día 29/06/1976).

La obra fotográfica de Claudio Perna ha estado presente en mis publicaciones en muchas oportunidades, asimismo en presentaciones y videos. Estudiantes tesistas de Estados Unidos me han pedido información sobre su trabajo y a todos les mandé material.



Pintura Viviente para la película “Bolívar Sinfonía Tropical” de Diego Rísquez. En el centro Claudio Perna.
Foto Marietta Pérez, 1979.



Claudio nunca quiso que le hiciera una entrevista formal. Pero en los tiempos iniciales de la fiebre de las fotos dirigidas, hace como cincuenta años, permitió que se grabaran algunas conversaciones. Así que para una nota sobre Imágenes sin frontera, (7° Día 07/07/1974), con motivo de su exposición de autofotocopias en Nueva York, rescaté algunos fragmentos en los que hablaba de las imágenes.



La fotografía conceptual, el arte conceptual era para Claudio Perna “el arte de hoy para el mañana”.
Foto Margarita D’Amico, Caracas 1968.



“Nos cuesta trabajo admitir que todo lo que nos forma intelectualmente, de una manera u otra, procede de imágenes. A fuerza de construir imágenes nos olvidamos de la Imagen. Se puede hacer duradero lo fugaz y se puede hacer fugaz lo duradero. Soy incapaz de establecer las fronteras de la imagen”.

“Al reproducir lo fugaz se eterniza la permanencia del hombre. Aun sosteniendo durante toda la vida un punto de vista, nada ni nadie deja de ser transitorio. Soy contradictorio, pero el entendimiento exige prudencia. La prudencia que exige el entendimiento me hace preguntarme si hay quien pueda establecer obligaciones”.

“Sólo el Arte obliga. El arte está siempre por encima de las explicaciones, porque el arte no es un medio. El arte es un fin. Arte es hacer. Hay quienes hacen arte y quienes conviven con él. El lenguaje del artista es su trabajo. El lenguaje de quienes conviven con el arte es la palabra”.

“El arte exige desnudez para podernos vestir con más libertad. Una vestimenta no nos deja libres si se deja la anterior. Dijo alguien que la cultura es una corona que nos ponemos en la cabeza. Me aterra pensar que esa corona se vuelva un garrote vil. No hay misterio que yo sea capaz de entender”.



“El arte no es un medio, es un fin, arte es hacer”. Claudio Perna, 1974.



Hablaba mucho Claudio sobre arte, escribía sobre arte y utilizaba palabras escritas en sus fotos, adentro, afuera, de lado, intervenía toda una foto con palabras. La serie Bianca Jagger es una estrella, es un ejemplo.

Y si de estrellas se trata, Claudio Perna tuvo la oportunidad de participar en performances de Charlotte Moorman, cellista estrella de la vanguardia artística internacional de los años 60 y 70. Fue fundadora y realizadora del Annual Avant Garde Festival of New York, que tuvo 15 ediciones hasta 1980.



Bianca Jagger es una estrella. Imagen intervenida por Claudio Perna, 1974.



Y se presentó en Caracas, como Muntadas, como McLuhan.

Pero esta historia merece un segmento aparte, y aquí está.



Capítulo Charlotte Moorman

Moorman, Muntadas y McLuhan tuvieron un gran impacto en la vida artística de Claudio Perna. Ellos no llegaron a Venezuela por arte de magia.

En esta ocasión sólo me refiero a la primera “M” con la información de cómo fue.

Tuve la oportunidad de entrevistar a Charlotte en Nueva York (Charlotte Moorman, cello libre para un arte único, en 7° Día, El Nacional 20/05/1973) y deseaba vivamente que algún día ella pudiera hacer sus performances en Caracas.

Ese día llegó en abril de 1975. Pocas semanas antes se presentó la oportunidad de sugerirle a Sofía Imber la realización de un Festival de Video Arte en el Museo de Arte Contemporáneo  de Caracas, en el que participarían Charlotte Moorman y otros artistas  internacionales.  Tuve el honor de colaborar intensamente en el concepto y realización de ese evento.



El Festival de Videoarte, con Charlotte Moorman y sus colaboradores venezolanos, significó un avance cultural en el arte contemporáneo de Venezuela. Foto Luciano Perna, 1975.



Todo se dio como había sido previsto. Vino Charlotte con su esposo Frank Pileggi y  Mr. Cello, hizo cinco performances de varios autores.

Para la ejecución de TV Bra for Living Sculpture, de Nam June Paik, Charlotte me pidió que le consiguiera a un artista venezolano que pudiera asistirla en la colocación del TV Bra. Tenía que ser una persona sencilla, de pantalón y camisa “ningún dandy”, precisó. Claudio Perna era la opción perfecta.

Fue así como se produjo el encuentro de Claudio y Charlotte. Con feeling inmediato, resultado excelente, una hermosa amistad y ganas de llevarla a conocer algún paisaje del interior, pues ella había estado en Caraballeda en años anteriores.



El creador venezolano asistió a Charlotte Moorman en la performance “TV Bra for livingsculpture”, de Nam June Paik, Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. Foto Pascual De Leo, 1975.

Nos organizamos y un día (libre para la cellista) partimos en carro hacía Tucacas, estado Falcón, con la esperanza de grabar en video y filmar en Super 8. Llegamos al final de la tarde. Había poca luz, pero igualmente se hizo lo que queríamos. Yo grabé en video y Claudio filmó en Super 8. Fueron 3 piezas. En la de Joseph Beuys, Infiltration Homogenfür cello, participó Claudio Perna. Las otras fueron ChamberMusic, de TakehisaKosugi y un fragmento de Variaciones sobre un tema de Saint Saensde Paik. En esta última Charlotte, en vez del piano, estuvo acompañada por el sonido del mar.

En suma, Claudio participó en las performances de Charlotte Moorman, en Caracas y en Tucacas y lo hizo con profesionalismo y todo el mundo quedó satisfecho.

Lo que sucedió  con la venida de Moorman (Festival con 58 mil visitantes en 16 días); presencia de artistas internacionales y participación de venezolanos, significó un avance cultural innegable en materia de arte contemporáneo en nuestro país. No podía ser de otra manera.

Además, Claudio tenía experiencia en materia de performance. Me gustaría contarles la que inventó para Expe 1, la película en Super 8 que hicimos juntos en 1970, en su casa, hoy sede de la Fundación Claudio Perna. A lo mejor, será para otra oportunidad.

Por ningún motivo podría dejar de lado los proyectos de arte conceptual. Uno de ellos quizás el más visionario de todos, aún está en espera, desde 1979.



El Domo de Reverón

El proyecto tiene una visión tan actual, como si Claudio lo hubiera escrito ayer y no en  1979.

Hoy, casi finalizando la segunda década del siglo XXI ese proyecto entraría en la categoría de estética espacial, uno de los nuevos paradigmas para la comprensión del arte contemporáneo.

Fue Nikos Papastergiadis quien popularizó ese concepto en 2004. El teórico de culturas digitales, profesor de la Universidad de Melbourne, hablaba también, igual que Claudio, de museos sin muros, nuevas formas de prácticas culturales, nuevas narrativas de espacios y  desplazamientos. Decía que había que repensar lo contemporáneo. Claudio ya había pensado en eso 30 años antes.

Pero veamos  la proposición conceptual de Claudio Perna en el año reveroniano (1979), directamente dirigida al Presidente de la República a través de mi columna Sí y No. Llegó  como una  obra de arte, con los sellos de actividad docente, urgente, comisiones  y una síntesis de lo que significaba Reverón para él.



El Domo de Reverón, proyecto conceptual de Claudio Perna, en espera desde 1979.



Para CP, Armando Reverón es LUZ + LUZ NATURAL + (FOTO) +arte-vida + arte ecológico + diseñador + arte de objetos + místico + mágico + arte animal + pintor + escultor  + modelo + “otro” instrumento + “cámara fotográfica” + action-painter + jeroglíficos + arquitecto espontáneo + monocromo + hombre + artista + genio + loco.

El texto de la proposición dice así:

UNA PROPOSICIÓN DE GEONAVEGACIÓN AL SEÑOR
PRESIDENTE DE LA REPUBLICA

(Los geonautas confían en Presidentes que van a Misa y a Museos y en la participación de la colectividad culta de la sociedad, a las proposiciones de sus artistas).

En el Litoral Central – entre Camurí y Anare – se extienden poco más de siete kilómetros de vía. A lo largo de una estrecha faja de tierra: por un costado, un ancho horizonte, de curvatura terrestre, separa y une AGUA y CIELO; por el otro, un hijo de los cerros que Armando Reverón inmortalizara, en pintura, para el consumo. La cúpula celeste y aérea recubre todos los elementos.

En tal espacio se ha gestado ya, desde décadas, el germen de todo el arte contemporáneo universal de origen no eléctrico. Esta categoría, compartida por claros y jóvenes artistas conceptuales del país, me invita a esta proposición respetuosa:

  • DECLARAR  como “EL DOMO DE REVERÓN” a la tierra del Planeta, a la orilla del Mar Caribe, mar exótico de la cultura occidental, y, como su asiento, a la franja señalada.


  • SALVAR a ese trozo del Planeta, en su sección venezolana, de la intervención destructiva  de construcciones que atenten a la pureza del Domo de Armando Reverón y PERMITIR que los jóvenes venezolanos de siempre tengan días, años, y siglos reveronianos.


  • PERMITIR que esa tierra venezolana, colonizada por España, La Guzmania y El Castillete, por el vaivén de las naves, entonces, SEA ESPACIO ABIERTO desde ahora a la reflexión, experimentación  y encuentro de los hombres POST-ALFABÉTICOS que necesitan AIRE, AGUA y TIERRA PUROS para indagar, como sabios o como enfermos, en los meandros de la manifestación terrenal y celestial, el ARTE y su VIDA.


  • SEMBRAR con uva de playa la costa con la ayuda de niños, jóvenes, y en especial, estudiantes de arte, artistas, fotógrafos, científicos, maestros y amantes de la naturaleza.


  • EL PRIMER SIGLO REVERONIANO, dentro de diez años, nos muestre cuán lejos crecieron el Samán de Güere y la Ceiba de San Francisco, destinados a vivir largamente, más allá del cielo humano, y a  unir, por el acercamiento del espíritu artístico, la fraternidad venezolana de todos los tiempos y procedente de todas las tierras.

Respetuosamente.

CLAUDIO PERNA
Artista venezolano.


Publicado en la Columna Si y No de Margarita D’Amico, El Nacional, Cuerpo E 30/09/1979.



El otro no se fue

En 1979 invité a Claudio a la Muestra de Video del Festival de Caracas, en la que participaban artistas como Diego Rísquez, Luis Villamizar, Carlos Zerpa, entre otros, con mucho éxito. Él no fue.

En años posteriores aparecía, desaparecía, reaparecía. Como siempre estaba concentrado en su trabajo que llegó a ser cada vez más variado, más contundente, más poderoso.

Después no supe más nada de él hasta el día 11 de febrero de 1997, cuando El Nacional publicó “El obrero del arte cerró la fábrica de la vida”. Firmado Rubén Wisotzki.

Puede ser que ese obrero del titular periodístico haya muerto, pero el otro no. El Claudio Perna que está en mi mente y en los sentimientos de las personas que lo conocieron y aprecian su arte, ése permanecerá.



Temístocles López, Diego Rísquez, Claudio Perna y Margarita D’Amico. Foto Luciano Perna, Caracas 1978.



Porque tuvo la visión de hablarle a un tiempo que no había llegado todavía: el siglo XXI. Y ustedes todos, amigos de Toques de Contemporaneidad, son el siglo XXI.

Así que, como ciudadanos honorarios  del futuro que ya llegó, ahora les toca a ustedes conocer a los artistas visionarios del país, en su real dimensión. Hace 30–50 años, ellos dijeron e hicieron lo que otros están descubriendo ahora. Si ustedes son creadores de verdad, deben estar conscientes de lo que hicieron los demás  y luego pegar el salto de sus propios muros. No les queda otra.

Tal vez quieran saber más acerca de este singular artista. Aquí sólo conté algunos momentos importantes de su trabajo. Lo que personalmente vi, conocí, compartí, en una etapa prodigiosa de su vida.

En los años 80 y 90 no compartí experiencias creativas directas con Claudio Perna. Creo que las que permanecen en mis recuerdos, de las décadas anteriores, marcan el tono de lo que fue tan genial artista, uno de esos que nacen cada 200 años.

Les digo que las emociones han sido fuertes al recordarlo. No quiero finalizar este recuerdo sin preguntarme:



¿ Qué fue lo más gratificante?

Lo que más me ha gratificado en los años de colaboración y amistad fraternal con Claudio Perna es que haya escogido mi columna Sí y No (El Nacional, Cuerpo E) para proponer, en primera instancia, algunos proyectos de arte  conceptual, particularmente El Domo de Reverón.

Me complace que el material informativo publicado en mis escritos periodísticos y el que le envié para su archivo personal, haya aportado alguna pequeña centella inspiradora a su trabajo, tan válido hoy como lo fue en los años 70.  Ello reafirma que las ideas  no importa de donde vengan– se pueden compartir, porque simplemente están allí, para todos, flotando en el aire, a la espera de quien las atrape y sepa hacer algo con ellas.

Agradezco las estupendas fotos que hizo de mis entrevistas con McLuhan, Polanski y los reportajes sobre telenovelas y arte de botiquín. También que me haya permitido tomarle algunas fotos en un recorrido por La Pastora, en Caracas, hace cincuenta años, más o menos. A él no le gustaba mucho que lo fotografiaran. En aquella  época.



Recorrido por La Pastora. Foto Margarita D’Amico, Caracas 1968.



Le estoy altamente  agradecida por haberme llevado a los talleres de Alejandro Otero, Mercedes Pardo y Luisa Palacios.

Y super agradecida por darme la oportunidad de disfrutar recorridos inimaginables por la geografía venezolana. “¿ Te has fijado en cuantos tipos de verde tiene la vegetación de este país? Hay que mirar el paisaje en su total amplitud y no fijarse en la ramita que cayó en la carretera”.

Gracias, CP, y hasta el próximo recuerdo.

Vínculos: labohemiahipermediatica.weebly.com

(Fragmentos documentales de videoarte y afines, realizados en Venezuela a partir de los años 70. Presentación PowerPoint Timeline de la imagen sintetizada)
En este mismo blog pueden leer la entrevista a McLuhan con fotos de Claudio Perna, abril 2014.

jueves, 9 de octubre de 2014

García Márquez

El Gabo, la noche de Navidad 1973, en París. Foto Margarita D’Amico

García Márquez ecos de un encuentro periodístico y más

 Evocaciones operáticas en el Kennedy Center de Washington, homenaje en el Parlamento Europeo  y varias ciudades del viejo continente. Ni hablar del protagonismo, que junto a Octavio Paz, tendrá en La 28va Feria Internacional del Libro de Guadalajara, del 29 de noviembre al 7 de diciembre de 2014.

En suma, no hace falta que se cumpla un año, diez años o cien, de su entrada a la eternidad, para recordarlo. El espíritu creativo de Gabriel García Márquez sigue activando su luminosa presencia, al ritmo de las conmemoraciones que se hacen en todo el mundo. Con respeto, emoción y vallenatos. 

Octavio Paz y Gabriel García Márquez. Foto: Arturo Guerra / La Jornada. Fuente: panorama.com.ve

Y es que el impacto cultural y social de su obra literaria, cinematográfica, televisiva, se expande cada vez más, al igual que el interés por su trabajo periodístico. Porque, si bien es cierto que el realismo mágico fue la propia bendición para el Gabo y su público, la pasión por periodismo no se quedó atrás.

¿Sabían ustedes – como lo supieron en Europa, donde llegó en 1954 – que fue García Márquez el escritor que hizo comprensible el tema de la incomunicabilidad en el ambiente alucinante de la provincia latinoamericana?

Gabriel García Márquez en 1975. Foto: Isabel Steva Hernandez. Fuente: The Guardian
No sólo eso. Gracias a sus trabajos periodísticos en varios medios europeos, los lectores que tenían ideas completamente tergiversadas sobre grandes problemas de América Latina lograron aclarar una cantidad de conceptos.

Excelente gratificación, pero no se imaginan cuánto le costó para que los comentaristas de sus obras, analistas y presentadores de radio y televisión, escribieran los apellidos correctamente y no siguieran con eso del escritor colombiano Gabriel Márquez, sin el García.

En fin. Cosas que suceden… Ciertamente, para un perfeccionista como él, que cuando se equivocaba en la redacción de un texto volvía a escribir todo desde el principio, no eran cosas de su agrado. Por fortuna aprendieron a escribir bien sus apellidos y sobre todo a reconocer sus méritos, mucho antes de que García Márquez ganara el Premio Nobel de Literatura en 1982.

Por supuesto que también en Venezuela y en los países “hermanos”, además de los méritos artísticos, al Gabo se le reconocieron sus obras de acción social y política, que no vamos a recordar en esta breve introducción.



“La fama es útil porque me permite hacer algo por las demás gentes”

Más adelante, si se animan a leer la entrevista que le hicimos hace unos cuarenta años en París, se enterarán de muchos detalles que lo retratan en su ser más auténtico: un ser de gran calidez  humana, amable, sin rasgos de vedetismo y compartiendo generosamente ideas e información como buen periodista que era. Lejos de leyendas que lo mostraban a ratos como una persona “altanera”. La eterna historia de los que no toleran que otros triunfen.

Porque en los años 70 García Márquez ya era una estrella, cubierto de fama y gloria y aún no había ganado el Nobel. Llegar hasta él resultaba bastante difícil.

¿Cómo logramos acercarnos a una personalidad que se perfilaba inalcanzable y sin saber cómo iba a reaccionar, ya que tenía fama de ser cauteloso y parco con las entrevistas?



Buenos Aires. 1971
Gracias a Soledad Mendoza 
La excelente  diseñadora gráfica de Séptimo Día, revista dominical de El Nacional, donde se publicaban nuestros trabajos periodísticos, también se encontraba en París durante las vacaciones navideñas. Fue la embajadora perfecta. 

Soledad era muy amiga del Gabo. Lo consideraba su hermano. Así que, entrevista solicitada, entrevista concedida. Tuvimos la suerte, pues, de encontrar  a un ser privilegiado que, como pocos en el mundo, primero se hizo inmortal y luego murió. 

La inmortalidad le llegó en 1967 con Cien Años de Soledad y su ingreso a la eternidad se produjo precisamente el jueves santo 17 de abril de 2014, en México, cuando tenía 87 años. 

De esos 87 años, Gabriel García Márquez  tuvo la gentileza de dedicarnos dos horas exactas. Fue el día 1ero de enero de 1974. Una vez en el sitio, quiso ponernos a prueba: nada de grabador.  

Pas de problèmes, no hay rollo, maestro. Para sintetizar en pocas palabras aplicamos una fórmula aprendida en Francia: anotar ideas básicas, palabras clave y modo de enlace, el todo en una hoja dividida en tres partes. ¿Lo demás? Comprensión y memorización. Supimos después que García Márquez apreció nuestro trabajo porque se lo comentó a Soledad Mendoza. 

Ahora sí, los invitamos al encuentro con el inolvidable escritor, y por favor, disculpen el deterioro del documento original del periódico, al que le faltan los colores en la portada , títulos, rayas, firma, resultado de una digitalización de emergencia. Algún día conseguiremos una copia mejor. 

En esta temporada de tributos y celebraciones que serán cada vez más, vaya también nuestro pequeño homenaje al gran maestro Gabriel García Márquez. 

Esperamos que el relato predigital del encuentro con tan maravillosos personaje sea también de inspiración para las generaciones actuales: periodistas, escritores, artistas y todos los que creen en el poder de la cultura y en sus toques de contemporaneidad. 

Y como lo hemos dicho otras veces, en términos de testimonios vivenciales –no importa los años que tengan– no hay fecha de vencimiento. ¿O es que no van a escuchar a un músico de los años 50, o leer a un novelista famoso de los 60, porque son del siglo pasado? La Agenda 74 de García Márquez no es cualquier cosa. Hasta la próxima.

La portada, diseñada por Soledad Mendoza (original a colores)


Revista Dominical de El Nacional
Caracas, domingo 20 de enero de 1974
7° Día
Titular de portada
García Márquez fatigado de la gloria regresa al periodismo 
Título de la entrevista
García Márquez AGENDA 74
Margarita D’Amico

Ya no necesita silencio ni buena temperatura para escribir desde las nueve de la mañana hasta las tres de la tarde, bien empantuflado y encerrado en un overol de mecánico popular. Ya García Márquez anda en otra onda, al menos por este año…
Año internacional, planificado así:
Enero. Vacaciones en París.
Febrero. Regreso a Barcelona.
Marzo. Viaje a Roma para participar en las sesiones del Tribunal Russell.
Abril, mayo y junio. Investigación periodística en Nueva York para una película de Francesco Rosi.
Julio, agosto y septiembre. Permanecerá en México, con su familia, para trabajar con Ruy Guerra en el guión de “Blacamán vendedor de milagros”, al tiempo que revisará el montaje fílmico de “La mala hora”, cuya realización tiene que haber comenzado el 15 de enero, por la televisión colombiana.
Octubre. Irá a Colombia y al regreso pasará por Venezuela.

Y el año se acabó— dice García Márquez sin vedetismo pero contento de estar metido en tantas cosas, contento de su fama (“es útil porque me permite hacer algo por las demás gentes”). Y encantado, sobre todo, porque, al fin, se sacudió.

El sueño de mi vida —nos dijo el día de la conversación formal— era ser novelista profesional. Cuando llegué a serlo, vi que eso es esterilizante. Te vas empantuflando. Vas perdiendo contacto con el mundo. Yo me sacudí. Ahora me he enchufado a otras cosas. Estoy contento. Yo en el fondo quiero ser periodista. Al fin y al cabo el periodismo es lo de hoy…

Gabriel García Márquez periodista. Bogotá 1959. Foto Hernán Díaz. 

Ostras y cumbias
Justamente, con ese excepcional colega dedicado ahora a tareas de alto periodismo cinematográfico y televisivo, queríamos conversar, desde los días del famoso congreso de escritores que se reunió en Caracas en 1967. Tratamos de verlo junto con unos estudiantes de Letras de la UCV. Le dejamos una nota en su hotel. No apareció… En esa época no lo tomaban en cuenta. De repente, Gabriel García Márquez se convirtió en el escritor latinoamericano más conocido de nuestro tiempo, endiosado por los críticos, admirado por los lectores, querido por sus amigos.

Carta de García Márquez a la editorial Sudamericana 1965. Fuente: El Clarín. 
Esa noche de Navidad 1973, en casa de la actriz española Tacha Quintana, en Montparnasse, lo vimos y no lo vimos. Estaba con su esposa Mercedes y sus hijos Rodrigo y Gonzalo —quince y doce años—, entre compadres y conciudadanos, hermanos de ayer, amigos de hoy, venezolanos, franceses, españoles… Una sencillez extrema. Ofreció la primera ostra del “reveillon” a una radiante yugoslava, vieja amiga de la anfitriona. Luego siguió compartiéndolas con otros invitados. ¡Y qué ostras! Inmensas, descomunales, como sus pantagruélicas novelas. Ciento cuarenta y dos ostras Gabo había traído para la cena navideña.

Hay que comerlas así, sin limón.

Y también comerse el pollo en salsa de castañas y una regia torta preparada por Tacha, el todo salpicado con ritmos de cumbia y rock. Esa vez García Márquez confesó que cuida mucho su dieta. Que pide un millón de dólares (lo cual significa “no”) a quienes solicitan la adaptación cinematográfica de “Cien años de soledad”… Y que nos avisaría para la entrevista. Unas pocas fotos del escritor conversando con sus amigos. Rostro bueno. Mirada infinitamente triste. 45 años. Felices Pascuas y buenas noches.

El cuento de Blacamán
Primero de enero de 1974. Café “Aux Deux Magots”. Boulevard Saint- Germain. 4 p.m.

—¿Vienes de compras? ¿Qué cargas en esa bolsa?

Un grabador y la cámara.

Más vale que no… García Márquez no quiso que se grabara la conversación. Porque con ese aparato no le íbamos a poner atención a lo que él iba a decir. Porque si esto, porque si lo otro… Muy bien.

Seguimos tomando un café que no sabía a nada. En aquel lugar tan ligado al mundo intelectual y bohemio de la posguerra pero que ahora no tiene nada de particular. El mundo gris de esa primera tarde del año nuevo parisino. Por fin comenzamos a desglosar la agenda 74 de Gabriel García Márquez, hablando de la película con Francesco Rosi, el autor de “Las manos sobre la ciudad”, “El momento de la verdad”, “El caso Mattei”. Cine comprometido, cine de denuncia, arte para concientizar.

Lo que voy a hacer con Francesco Rosi es una investigación periodística en Nueva York, durante tres meses. no voy a escribir el guion. Francesco Rosi vino a verme tres veces en Barcelona. La primera vez fue a pedirme “Cien años de soledad” para llevarla al cine. Luego él mismo me explicó que ése era un pretexto para hablar conmigo y que en realidad lo que le interesaba era lo otro.

Naturalmente García Márquez, que admite ser supersticioso, no revela detalles acerca de lo otro. No dice sobre qué va a tratar la película. Pero cuando uno se pregunta, en voz alta, qué más le puede interesar a Francesco Rosi en Nueva York sino la mafia y que la última mafia de Nueva York es la de los latinos, Gabo sólo responde que no puede informar nada, puesto que aún no ha arreglado los problemas de producción del film.

De “Blacamán”, en cambio, sí habla. Va a escribir el guión con Ruy Guerra en México. Cineasta de Mozambique, Ruy Guerra vive en Brasil desde 1958. Dirigió tres películas: “Os Cafajestes” (1962), “Los fusiles” (1964), “Dulces cazadores” (1969). En el 68 trabajó como actor haciendo el papel de Benito Cereno, en el film homónimo basado en la novela de Herman Melville y dirigido por Serge Roullet.

Este personaje dio origen a un guión que empieza con Cristóbal Colón y termina en Caracas en el siglo XXI

El cuento de Blacamán tiene diez —doce páginas. Es la historia de un culebrero tan viejo que probablemente lo encontró Cristóbal Colón. Es eterno. En algún momento Blacamán concibió a un muchacho quien lo ayudaba. Blacamán hacía trucos, milagros. El muchacho descubrió un día que él también podía hacer milagros. Que eso se aprendía con la práctica. Lo sustituyó. Blacamán está enterrado, pero resucitó en el muchacho. Y si se vuelve a morir el muchacho lo vuelve a resucitar, pues la magia del escarmiento —dice— es que siga viviendo en la sepultura, mientras yo esté vivo. Es decir, que vive para siempre. La película empieza con la llegada de Cristóbal Colón, la Colonia en Cartagena, la Colonia Holandesa en Curazao y termina en Caracas en el siglo XXI. Me interesa hacer en cine la síntesis de toda la historia del colonialismo. Este cuento está en la “Eréndira”.



El rescate de “Eréndira”
Por fin ¿qué pasa con esa película? ¿La filmaron ya? ¿En qué etapa se encuentra?

Yo hice el guión de “Eréndira” hace siete años y le vendí los derechos a Margot Benacerraf. Posiblemente ella no encuentre productor. Los productores han hecho contacto conmigo y han dicho que sería una inversión muy grande. Que la producirían si el director fuera otro.
           
            Un director internacional más conocido que Margot Benacerraf. Ellos no dudan del talento de Margot. La película requiere tres- cuatro millones de dólares. Margot es mi amiga, pero yo me doy cuenta que ella no va a conseguir a ese productor. Los derechos de la “Eréndira” regresan a mí dentro de cuatro años, según el convenio que hicimos, pero yo no puedo esperar cuatro años más. Porque los temas pierden actualidad. Hace siete años “Eréndira” era precursora. Por eso yo estoy dispuesto a recuperar los derechos. A comprarle los derechos a Margot.

La Mala Hora. Fuente: colarte.com
“La buena hora” de Thomas Millian
—“Cien años de soledad” ¿nunca la llevarás al cine?

No. El cine es una cosa, la literatura otra. Los guiones sacados de mis cuentos y novelas los he vuelto a escribir para el cine. El caso de “La mala hora”. Yo no he adaptado la novela, sino que la reescribí para la TV. Son veinte capítulos de una hora que se van a pasar diariamente durante un mes. Hice un reexamen para la televisión de todo el proceso de la violencia política en Colombia. La adaptación es con Bernardo Romero Pereiro. Es un guión de 2.500 páginas. Se empieza a grabar el 15 de enero, en color. Necesitábamos 106 actores. Como era difícil conseguirlos, publicamos un aviso en Bogotá. Se presentaron muchísimos. Gente muy simpática, conmovedora. Yo no quería dejarme influenciar por cuestiones emocionales (madres con niños que pedían actuar para poder ganarse algo, jóvenes, etcétera), por eso resolví ver las pruebas grabadas en videotape que se le hicieron a cada uno. De allí seleccioné tres o cuatro tipos para cada personaje. No vi a ningún actor personalmente.

El más complejo era el personaje del alcalde. Tenía que ser un hombre joven, de edad de teniente. Sumamente atractivo, simpático, pero a la hora de la verdad capaz de todo. No lo encontramos. Yo le explicaba a Romero Pereiro las características del tipo, pero no dábamos con él. Una vez le dije que podía ser alguien tipo Thomas Millian. Luego pensé: ¿Y por qué no Thomas Millian que además es mi amigo?

Lo llamé a Roma. Thomas Millian me contó que él, que también es muy supersticioso, cuando oyó repicar el teléfono, tuvo una corazonada, pensó que esa llamada era algo que iba a cambiar su vida, algo que le venía del cielo. Aceptó encantado, aun sabiendo que iba a ganar poco. Sin embargo, logramos conseguirle un arreglo económico bastante equilibrado. Estará en Colombia catorce semanas.


No me gusta jugar a perder
—¿Qué te gusta más: la literatura o el cine?

Se me ocurren cosas para libro y cosas para la imagen. Me interesa contar cosas. No tengo prejuicio contra el medio. Si descubro que con una canción puedo contar lo que quiero, la uso. La concepción de todas mis cosas es la imagen. El punto de partida es siempre la imagen. No digo: “Voy a escribir sobre los marginados de Caracas”. Al final del cuento está el concepto. Lo que más me gusta es hacer reportajes. Me interesa más el periodismo.

Por eso dices que los temas pierden actualidad.

Hay temas que están de moda. Estar de moda es una ventaja y también un peligro. Hace quince años América Latina no significaba nada. Era algo exótico. Hoy no. La revolución cubana pasó de moda en Europa. Se comenzó con el altavoz de la revolución cubana. Eso ya pasó.

En todas las obras que tú haces ¿qué es lo que más te interesa? El cine, por ejemplo, ¿lo utilizas como arma de lucha o para denunciar hechos?

García Márquez, Geraldine Chaplin y Miguel Littin
Me interesa el aspecto político. Es inevitable que tenga un contenido político cualquier obra que yo haga. En este momento en América Latina no hay acto que no sea político. A mí me dicen que adapte Blanca Nieve y yo lo hago, si eso tiene una importancia política. En “Blacamán” es el colonialismo, en “La mala hora” la violencia. Tengo en la cabeza la imagen de “Edipo Alcalde” para teatro o para cine, no sé todavía. El equivalente de la peste sería la violencia política.

Entonces… ¿la violencia política es el problema más candente de nuestros países?

El problema de ahora en América Latina es la independencia. Bueno, ahora tengo que irme…
Un momento… ¿No te gustaría hacer una película dirigida por ti?
No. Yo estudié cine, pero no me gusta jugar a perder.
—¿Ni siquiera con “Cien años de soledad”?
—“Cien años de soledad” más bien la vería en televisión. Como una larguísima telenovela. Una página cada noche.

…Como un pez fuera del agua
No íbamos a hablar de literatura, pero, en fin, ¿qué estás haciendo en ese campo?

Tengo terminada la novela “El otoño del patriarca”. La terminé en mayo. Voy a leerla de nuevo ahora en febrero, el único tiempo de que dispongo este año para trabajar en “El otoño del patriarca”. He trabajado en ella seis años. Trabajo duro, pero por épocas.

Borrador del Otoño del patriarca. Fuente: www.kienyke.com

—¿Y qué más tienes escrito?

Llegué a Europa en 1954. Desde entonces empecé a notar cosas que les sucedían a los latinoamericanos aquí. Cosas raras. Luego comencé a anotarlas. Número uno, número dos, número tres. Sesenta y cuatro anotaciones que pueden llegar hasta cien. Cien cuentos. Cien anécdotas. Hace seis años volví a Europa y seguí anotando. Traté de ver lo que hay de distinto entre una época y otra y vi que los latinoamericanos jamás llegamos a Europa. Siempre estamos fuera. Uno sigue de alguna manera en América Latina. Sigue siendo como un pez fuera del agua.

—¿En qué reside entonces la fuerza, el vigor de los escritores latinoamericanos que tienen tanto éxito en Europa, empezando por ti?

El mundo europeo es demasiado contado. ¿Qué puede contar un francés que no haya sido contado ya una y mil veces? En nuestros países apenas se comienza a contar. “Pedro Páramo”, de Juan Rulfo, es una novela de anticipación. Fue escrita en 1955. No tuvo éxito en su tiempo. Los escritores del boom existían casi todos antes de que el boom se pusiera de moda.

“Florencia en Amazonas”, inspirada en el realismo mágico del Gabo. Estrenada en el Kennedy Center de Washington,




Volviendo a tu idea de que los temas pasan de moda, ¿consideras que tu obra va a pasar de moda?
—“Cien años de soledad” ha pasado de una generación a otra. Primero la leyeron los padres y ahora los hijos. Un amigo de Caracas me dijo que si un libro pasa de una generación a otra y si lo llegan a cantar como “Cien años” es la consagración definitiva del escritor.

—¿Cómo te sientes tú ante la consagración, con toda la fama que tienes?
Me siento muy contento. No es por vedetismo. La fama es muy útil porque te permite hacer algo por las demás gentes.

Como regalar el Premio Internacional Rómulo Gallegos al MAS…
Y tener influencia en el comité de defensa de los presos políticos de Colombia. Formar parte del Tribunal Russell (un tribunal fundado por Bertrand Russell para juzgar a los Estados Unidos en Vietnam). En marzo se reúne en Roma para estudiar los casos de Chile y Brasil y América Latina en general. Para esas cosas es bueno ser famoso. Luego está la otra faceta. A uno no lo dejan en paz. Yo no puedo llegar a Caracas sin que los periodistas y los amigos me dejen un momento tranquilo. La última vez calculé llegar a una hora en que no hubiera reporteros en el aeropuerto. Era un miércoles santo. Estuve tranquilo unos días. La semana siguiente encontré a un periodista que me dijo: “Yo creo que te vi el sábado en Chacaíto, pero seguramente no eras tú, porque si hubieras sido tú, lo hubiera sabido todo el mundo”. Y era él el que sabía la noticia.

Gabriel García Márquez y Teodoro Petkoff (dirigente del MAS) en Caracas 

En Venezuela te quieren mucho, tú lo sabes.

Pero no puede manejarse tanto cariño. Ahora sí me voy. Son las 6. Estaré en Caracas en octubre. Yo también te acabo de hacer una entrevista…